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miércoles, 22 de febrero de 2012

Y tú eres Pedro…

Y tú eres Pedro…


Después de la primera profesión de fé de la Iglesia, Jesús responde inmediatamente cambiando el nombre de Simón, dándole una nueva misión en esta vida, pues tan profundo significado tiene el nombre de una persona según la tradición oriental. 
“Y tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. La Fé en el Mesías Hijo de Dios vivo es inseparable de su Iglesia, fundada sobre la roca de la fé de Pedro, que a su vez es don gratuito del Padre.
Escuchamos a menudo aquello de “Yo creo en Jesús pero no en la Iglesia”, normalmente identificando a la Iglesia con los sacerdotes u obispos. ¡Pues no señor! La Iglesia somos tú y yo, el grupo completo, la parroquia, la diócesis y así hasta llegar al Papa. Porque Jesús ha querido servirse de todos nosotros. Jesús confía en los hombres para actuar a través de ellos en la historia, aunque sepa que a veces le fallaremos. Jesús nos ha elegido a todos los que formamos su Iglesia para formar su Cuerpo Místico siendo consciente de nuestras debilidades. Exactamente igual que al elegir a Pedro sabía que le iba a negar.
Cuando sentimos así que somos la Iglesia del Señor, nos damos cuenta que no podemos vivir la fé por libre. Nos jugamos mucho. Como dice el Papa: “Quien cede a la tentación de ir ‘por su cuenta’ o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él. Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otro”. Esto es una diferencia fundamental del católico con los protestantes, que viven su fé de un modo individualista. 
Amar a la Iglesia, es amar también a nuestra madre porque en ella hemos sido engendrados en la fé, y en ella nuestra fé va creciendo y fortificándose gracias al continuo trato con el Señor y con nuestros hermanos. Y como a nuestra madre, a la Iglesia se le ama con sus virtudes y sus defectos, pero que nadie me toque a mi madre. Al igual que a una madre no se la desprecia por sus defectos ni se le abandona, del mismo modo debemos comportarnos con la Iglesia. Si vemos defectos en ella, trabajar y rezar por pulirlos, pero con cariño y delicadeza infinitas y siempre desde dentro.
Y nos sigue diciendo el Papa: “no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe”. Con plena sintonía con Pablo VI, que también decía que el mundo de hoy no quiere maestros, quiere testigos. Esta sintonía nos manifiesta una vez más la vigencia eterna del magisterio de Pedro. En Roma hay un punto de unión entre cielo y tierra, y ése es el Papa. Querer a la Iglesia es también querer al Papa, y rezar por él, que también lo necesita.
Antes de terminar, hubo un pequeño coloquio. Don Antonio preguntó primero por qué nos da vergüenza la Iglesia, tantas veces. Ante esto Ángel lo justificó en la privacidad del sentimiento del amor, pero José Manuel señaló que nos faltan líderes y compromiso, a lo que don Antonio añadió que en el día a día no solemos dar una imagen atractiva, opuesta a la alegría mostrada en la JMJ. Para terminar, preguntó nuestro cura acerca de cómo creemos que siendo Iglesia podemos llegar a la gente de nuestra edad. Antonio apuntó hacia una fe firme y alegre pero que ejerza esa firmeza con dulzura y sin enfados, opinión corroborada por nuestro director de orquesta. Esto animó a Jaime a invitar a nuestros obispos a aprender a comunicar mejor, al estilo del Papa. Don Antonio sacó a colación las campañas realmente emotivas que hacen los católicos americanos, poniendo como ejemplo el vídeo “Católico regresa a casa”que podemos encontrar ya en nuestra página. Esto suscitó un pequeño debate acerca de cómo casar un cierto marketing de las bondades de la Iglesia con el mandato evangélico “que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha” resuelto por don Antonio con la recomendación de aplicar un poco de sentido común a la tarea de ser pescadores de hombres, surgida naturalmente de un corazón que rebosa alegría y amor a Dios.
Como broche final, Jaime nos regaló una pieza de violín por petición popular que gracias a nuestro secretario podemos brindaros a continuación a los que no pudisteis asistir. 

Patricio López-Ladrón

martes, 14 de febrero de 2012

¿Quién decís que soy Yo?

 ¿Quién decís que soy Yo?
 


Esta semana, ya acabando con los discursos del Papa, hemos empezado a analizar la Homilía de la Santa Misa de la JMJ en Cuatro Vientos. En ella el Papa empieza diciendo que con la celebración de la Eucaristía se llega al momento culminante de la JMJ. Millones de jóvenes, tras las diversas actividades que se han llevado a cabo y, sobre todo, tras la vigilia del día anterior, celebran por fin la Eucaristía con el Papa.
    Remarco la vigilia por, como comentó don Antonio, ser un acto del que el Santo Padre tuvo que irse llorando conmovido por la muestra de fe de los millones de jóvenes que allí se congregaban tal y como diría el cardenal Rouco Varela más tarde.
    Pero la Eucaristía no es sólo el momento culminante de la JMJ. También es el momento culminante de nuestras vidas cada semana. Y es que, no habría que acostumbrarse a este milagro. Habría que vivir cada misa como la primera, la única y la última misa. Pues la Eucaristía es la fuente y el culmen de la fe cristiana. En cada Eucaristía Dios viene y se encuentra con cada uno de nosotros. No viene a quitarnos nada, sino a dárnoslo todo. Porque Dios no es algo que te quite tiempo o cosas materiales, Dios es alguien, alguien que siempre estará a tu lado y nunca te abandonará. Tal y como dice el Santo Padre en la homilía: “Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos. Él viene a haceros partícipes de su relación íntima con el Padre.”
    En relación a la importancia de la Eucaristía, don Antonio nos contó la historia de san Tarsicio, santo de los niños que realizan la primera comunión. San Tarsicio murió siendo niño huyendo de los romanos. Huía de ellos porque estos le instaban a enseñarle lo que llevaba entre las manos. En la persecución san Tarsicio murió. Cuando los romanos le abrieron las manos descubrieron que lo que llevaba entre ellas era la Sagrada Forma.
    “Pero, ¿Quién es el realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver que ver conmigo?” Pues bien, hay dos maneras de conocer a Cristo. Según lo que dice la gente o según la experiencia propia vivida por cada uno. Los que lo conocen según lo que dice la gente no lo verán más que como un personaje religioso más. El resto, tendrán la suerte de vivir una experiencia de fe.
    Fe que es un don de Dios, que se recibe por iniciativa de Dios. Fe, cuya primera confesión es la de Pedro: “Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?”, “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Fe que es una relación personal. Fe que es para toda la vida. Fe con la que Dios te toca el corazón. Fe con la que se sigue a Dios y a Cristo, porque un cristiano no sigue los mandamientos, sigue a Cristo. Fe que es algo actual, tal y como la entendemos nosotros. Que no nos es ni un rollo ni un kit kat.
    Pero, si es actual, ¿Por qué cuesta tanto vivirla y comunicarla? Hoy en día hay mucho ruido, se vive con muchas prisas y la gente ni se lo plantea, ni se para a planteárselo. Por eso hay que atreverse a ir contracorriente. Por eso las iglesias evangélicas están ganando muchos adeptos. Porque no tienen miedo a predicar su fe. No les da vergüenza meter a Dios en sus conversaciones. Y es que, la gente siempre busca algo, se agarran a fetichismos y zodíacos. Gente, que al final está vacía. Gente, que siguiendo vacía tras cierta edad, no sabe qué hacer con sus vidas.
    Por eso, me gustaría acabar esta crónica con las palabras del Papa. Para hacer ver que la fe es algo actual y que en nosotros está el que lo siga siendo. Cuándo Él os dirija a vosotros la pregunta: “Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?” “Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.”

Luis Losada Borrero

jueves, 9 de febrero de 2012

Ser Cristiano Vs Felicidad

 
Todos queremos alcanzar grandes logros y ser felices aquí en la tierra. Es compatible esa inquietud con la fe cristiana?. El Papa en la vigilia de oración con los jóvenes en Cuatro Vientos, 20 Agosto 2011, nos enseña que no sólo es compatible sino que la fe es lo que da sentido a esa búsqueda.

La gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás es que Dios nos ama. Hemos sido creados por amor de Dios! Vivir con fe no es simplemente creer aquello que está fuera de nuestra inteligencia racional, es vivir en el Amor de Cristo y por tanto vivir en una relación íntima con Dios. Vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecemos en la fe y por tanto en el Amor de Cristo, encontraremos alegría entre las contrariedades y sufrimientos de cada día. La fe no se opone a nuestros ideales más altos sino que los perfecciona. Como dice el Papa no nos podemos conformar con menos que la Verdad y el Amor, con menos que Cristo!

El Papa nos invita a no tener miedo ante las dificultades, como estos tiempos de crisis moral y económica, enfermedades propias o de seres queridos. A un futuro incierto, como muchos de nosotros que no sabemos qué será de nuestro futuro profesional. No tener miedo y por eso actuar menos, acomplejados por nuestras limitaciones y debilidades. Porque el Señor quiere que vivamos en este momento de la historia para que gracias a nuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.

El Papa nos invita a descubrir nuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y mantenernos fiel a ella con alegría y perseverancia. Para descubrir ese camino que el Señor quiere para nosotros y seguirlo fielmente necesitamos mantenernos en el Amor de Cristo. Ese Amor se cultiva con la oración, que es el trato frecuente con el Señor. Es mantener una relación personal con Jesús compartiendo nuestros anhelos, preocupaciones, alegrías. Compartiendo todo con Aquél que nos ama.

Por último el Papa nos suplica, palabras literales, que recemos mucho por él. Que el Señor le de fuerzas para guiar a la Iglesia.

Isabel Gea Clavería

jueves, 12 de enero de 2012

Crónica: Discurso Benedicto XVI ante los voluntarios de la XXVI JMJ

 Discurso Benedicto XVI ante los voluntarios 
de la XXVI  JMJ
(http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Sociedad/Discurso-voluntarios.pdf)

Tras el paréntesis navideño, este domingo 8 del mes de enero, nos disponemos a reflexionar sobre la importancia del voluntariado y apostolado en una sociedad que necesita darse a los demás y así, paradójicamente, recibir más de lo que entrega. En esta parroquia de la Concepción, y volviendo de nuevo a la reconfortante rutina de la reflexión semanal,  nos proponemos analizar y comentar el llamamiento que el Papa dirige a los jóvenes en la última Jornada Mundial de la Juventud celebrada, como todos sabemos, en el pasado mes de Agosto de 2011.
(Imagen: http://voluntariosenaccionhn.blogspot.com/)
Don Antonio hace mención a la “Alegría de darse”, espíritu que inspira la labor del voluntariado, un voluntariado que abarca una amplia tarea y que cada cual puede ejercer en medida de sus cualidades personales, formación profesional, horario disponible, etc. De esta manera, podremos proyectar y cultivar dos cualidades muy necesarias en un cristiano: la sencillez y la humildad, a pesar de la inmediata respuesta que podamos recibir ante esa labor apostólica por parte de aquel que reciba la ayuda, en algunos casos no demasiado positiva, pero con toda seguridad, totalmente positiva a largo plazo. Debemos tener en cuenta que el voluntariado no debe limitarse sólo a épocas concretas del año, sino que debe llevarse a cabo a lo largo del mismo, puesto que la fe cristiana no sería auténtica si no existe un compromiso social y caritativo y dicho compromiso, no está sujeto a épocas determinadas, sino que exige una continuidad.

Como todos sabemos, existen distintos tipos de amor y el Amor de Caridad es aquel que se ofrece desinteresadamente, es aquel que no desea ni pide nada a cambio. El concepto latino Caritas, hace referencia a aquello de lo que se carece, y debería ser  compromiso de todo cristiano ofrecer caridad a quien lo necesita, sea del tipo que sea. Dios nos otorga la gracia, un regalo que como tal debe regalarse sin esperar compensación alguna. San Pablo decía: “La Caridad no pasa nunca”, y ciertamente todos necesitamos recibir y ofrecer caridad.
Podemos reflexionar ante la siguiente cuestión. ¿Por qué somos católicos? Y uno de los principales motivos es porque es necesaria la caridad y el ofrecerla es realmente reflejo de nuestras creencias. Así se experimenta la alegría auténtica, porque una mínima entrega supone recibir mucho más, la verdadera alegría, la Alegría de darse. El voluntariado impide que nos convirtamos en “católicos teóricos”, el apostolado replantea a los cristianos la vida. Tomemos el ejemplo de Santa Teresa de Calcuta, que ofrecía caridad sin hablarles de Dios, prefería “tratarlos como a Dios”. La acción es más efectiva que las palabras y es lo que hace conmover a los demás y realmente convertirlos. “Amar es servir y el servir acrecienta el amor” (Benedicto XVI), la Iglesia se enriquece con la entrega de sus miembros y al igual que el pecado repercute negativamente en todos, lo bueno repercute positivamente en todos igualmente. Recordemos también las palabras del beato Juan Pablo II “hay que responder con amor a quien se ha entregado con amor”. Y no hay mayor muestra de amor que la entrega a los demás, imitando, aunque sea en una milésima proporción, a la entrega que Jesucristo ofreció por nosotros.

Ante tales reflexiones, queda abierto el debate de los presentes, de manera que cada uno de sus componentes aporta su punto de vista y experiencia hacia la labor de apostolado. De este interesante coloquio resultan esencialmente relevantes ciertas opiniones y experiencias personales que seguidamente presentamos:
Mª Delia puntualiza que las razones que nos motivan a comenzar el voluntariado pueden ser muy diferentes, variopintas e incluso superficiales pero que la dedicación posterior puede llegar a ser muy seria cuando nos involucramos realmente.
Cayetana menciona que muchas personas que tienen concepto de entrega, solidaridad y dedicación no son cristianas y realizan una labor muy loable aunque el motivo por el que se realiza no sea tan auténtico y puro como el de un cristiano, a lo que D. Antonio responde que no tiene por qué ser menos puro. Sin embargo la fe puede dar un sentido completo al voluntariado. El que no cree hace mucho pero el que sí lo hace, da la vida. El voluntariado es el método para que el que no cree termine haciéndolo, porque aunque no crea, esa persona está conociendo a Dios.
Miriam aporta una anécdota personal realmente conmovedora: Haciendo voluntariado un 25 de Diciembre, no muy motivada por el día tan señalado, encontraron a una señora indigente que no deseaba ser ayudada. Tras insistirle, entre lágrimas, confesó que había rezado para que alguien la salvara esa noche porque sabía que se moriría y que sus rezos habían sido escuchados porque unos ángeles (aquellos voluntarios) habían llegado  para salvarla. Ese día, el voluntariado adquirió un sentido especial y muy gratificante para Miriam.
D. Antonio comenta la anécdota de un inmigrante que necesitaba asistencia odontológica y tras llevarlo a un dentista conocido y decirle que la factura sería costeada por Cáritas, éste insistió en que la satisfacción sentida por prestar su ayuda era suficiente y que la cuenta estaba saldada. También aclara que no hay que buscar un voluntariado de especial dureza, lo importante e implicarse y darse a los demás.
Miriam añade que la constancia es la que hace que se logren frutos, pero que la labor del voluntario va más allá de los resultados conseguidos porque ayudamos “por amor a Dios”.
D. Antonio explica que la orientación del voluntariado debe ser “no dar el pez, sino la caña”, es decir: el voluntario puede ayudar al necesitado a salir de la situación en la que vive ofreciendo el medio, para que esa persona pueda ser autosuficiente.

Cada uno de nosotros debemos preguntarnos y reflexionar sobre las preguntas que Benedicto XVI nos invita a plantearnos: ¿Qué quiere Dios de mi? ¿Cuál es su designio sobre mi vida? ¿Me llama Cristo a seguirlo más de cerca? ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio?. Terminemos esta crónica con las hermosas palabras que el Papa recuerda y dirige a los jóvenes: Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35). Ofreceos como voluntarios al servicio de Aquel que “no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.” ( Mc 10,45)


Almudena Cano Soler

viernes, 18 de noviembre de 2011

Crónica: Elecciones generales

 
                                   


   

         Apasionante debate el vivido en la tarde del 13 de Noviembre en la Parroquia de la Concepción con motivo de las elecciones que se van a celebrar en España el próximo domingo. En esta ocasión se unieron 6 nuevos miembros a los que agradecemos su presencia y sus aportaciones.

         La semana anterior concluimos el estudio del discurso del  Papa Benedicto XVI con los universitarios y D. Antonio propuso para este domingo, ante las inminentes elecciones generales, que debatiéramos sobre el ejercicio del voto de un cristiano católico en unas elecciones parlamentarias. ¿Qué tenemos que tener presente a la hora de depositar nuestro voto en las urnas? ¿La actual crisis económica? ¿ La extensión de nuevos derechos o el mantenimiento del estado de Bienestar?

         Es obvio que son aspectos importantes pero la Iglesia en este sentido es clara, el criterio fundamental que debe guiar a un católico debe ser el de LOS VALORES que los partidos defienden en cada momento.

         Actualmente, vivimos en una sociedad en la que los políticos no se pronuncian claramente sobre cuestiones morales porque piensan, que de hacerlo, perderían muchos votos. Esto es fiel reflejo de la sociedad timorata y sin referentes morales en la que nos encontramos. Por tanto, los católicos tenemos que ser auténticos y coherentes con nuestra fe a la hora de votar.

         La actual crisis económica, tiene su origen en una combinación de múltiples factores socioeconómicos pero el desafío más importante al que nos enfrentamos es la crisis  de valores existente en la sociedad. Se ha extendido la idea, de que lo bueno o lo malo, es lo que decida la mayoría. Bajo esta premisa errónea, se han aprobado en los últimos tiempos leyes que atentan contra el derecho fundamental a la vida. Los católicos tenemos que ser consecuentes en estos asuntos que afectan a derechos fundamentales de las personas, la moral no se consensúa, lo bueno y lo malo, no lo pueden establecer mayorías parlamentarias.

El debate concluyó con el análisis de los actuales partidos políticos y D Antonio matizó que la Iglesia considera legítimas todas las opciones políticas siempre y cuando éstas sean democráticas y persigan el bien común de los ciudadanos y, como hemos dicho antes, respeten la naturaleza de las cosas y los derechos fundamentales de la persona.
   
Miguel Ángel Cano Soler

        

miércoles, 12 de octubre de 2011

III CHARLA EN LA PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN INMACULADA



El pasado domingo 9 de octubre nos reunimos el grupo habitual de jóvenes (y no tan jóvenes) en la Parroquia de la Concepción Inmaculada tras asistir a la Misa de 8 de la tarde oficiada por el sacerdote claretiano D. José Márquez y amenizada con un coro del movimiento de la Renovación Carismática.

En esta ocasión tuvimos un nuevo escenario, la azotea de la casa parroquial, entre la propia casa y la Parroquia, donde disfrutamos de un clima muy agradable para tener nuestra charla semanal.
Tras ponernos un poco al día de nuestras respectivas semanas y darle la bienvenida a nuestros nuevos integrantes comenzamos propiamente el tema de la charla que tenía como objeto comentar las palabras del Papa durante el magnífico Vía Crucis celebrado en el Paseo de Recoletos de Madrid durante la JMJ. Todos recordamos ese momento, en el que se habrá visto el más magno Vía Crucis de la historia juntando imágenes que procesionan en las calles de varias ciudades españolas en Semana Santa. Tras las catorce Estaciones de Penitencia había un quincuagésimo paso, el de la Virgen de Regla, de la Hermandad de los Panaderos de Sevilla.

La Oración fue muy emotiva y de una alta plasticidad, pues la Cruz era llevada de Estacion en Estación por diferentes grupos de jóvenes, cada uno con diferentes problemas, como proceder de lugares de especial sufrimiento del Planeta, padecer minusvalías o marginación. El mensaje era claro. Todos unidos llevando la Cruz de Cristo y viendo más allá del sufrimiento, poniendo nuestras esperanzas en Él.

Con base en el discurso de S.S. Benedicto XVI se fueron desgranando diferentes ideas con el hilo conductor de que ser Católico no es un conjunto de normas que nos oprimen y nos hacen infelices, más bien al contrario, es un camino para la felicidad, la paz y la superación. En la actualidad existe la idea de que la vida Cristiana es triste y aburrida, que la moral es una carga, una “cruz” que nos oprime. El error de esta idea postmoderna ha quedado claro en Madrid cuando la tónica general del más de un millón de personas allí reunidas ha sido la alegría. La Cruz no es una carga, la Cruz es el camino de llegar a Dios y es la fuerza arraigada en nuestros corazones para mirar más allá del dolor y ver la salida.
La moral nos da paz interior y felicidad, incluso en los momentos más dolorosos de la vida. Un Cristiano también padece el dolor y la muerte, pero gracias a la Cruz, por la que Jesús nos ha redimido del pecado, vemos la felicidad de estar junto a Él y junto a los demás. El Cristiano no es masoquista, no quiere el dolor, pero lo soporta y lo supera. Nuestro ejemplo debe ser Jesús en el camino hacia el Calvario. Él sufrió todos los golpes y penalidades del camino, tuvo un momento de desesperación (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”), pero su entrega fue consciente y entrego su vida por todos nosotros. También los Cristianos sufrimos con la muerte de nuestros seres queridos, pero no la tememos porque sabemos que tras nuestro paso por este mundo nos espera la Vida Eterna.
La Cruz tiene una bella simbología. Con su palo vertical une la Tierra y el Cielo, Dios y los hombres. Con el horizontal une a los hombres entre sí, crea comunidad, crea Iglesia. Igualmente el verde es color de esperanza por la Cruz. Si por un árbol entró el pecado en el mundo (el manzano de Adán y Eva) por otro árbol (la Cruz) el pecado ha salido.
La vida Cristiana, por tanto, no es un conjunto de normas inconexas redactadas para someter al hombre, sino un camino de felicidad para liberarlo del sufrimiento y el pecado. El Cristiano sufre el dolor y después descubre un horizonte mayor que le reconforta, pues descubrir a Dios crea más ganas de vivir, la Fe hace que nuestra vida tenga más sentido. No es compatible ser Católico con ser triste pues poseemos la mayor alegría que es conocer a Cristo. La Fe no es individualista, sino compartida. Es nuestra manera de dar la vida por los demás como Jesús la dio por nosotros. Con sinceridad y buscando el bienestar del prójimo. Como decía el autor lituano Lévinas, “Ama a tu prójimo: eso eres tú mismo”. Porque el prójimo es un “Tú en ti”.  “La semejanza de Dios se manifiesta en el tú y no en el yo. El movimiento que nos lleva al prójimo nos lleva también a Dios”

Pero la mejor manera de resumir esta idea sería los versos atribuidos a Santa Teresa de Jesús:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera
que, aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y, aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

El amor a Dios a través de la Cruz es tan grande que no necesitamos ni Cielo ni Infierno para ser reconfortados por Él. La Cruz es el único camino para llegar a Dios pues Jesús quiso morir en ella y sufrir por nosotros. Dios es una alegría que vemos claro en los momentos buenos y malos de nuestra vida, en nuestras actividades más cotidianas. Es el Amigo que nunca falla, el que está con nosotros aunque hayamos cometido un error, dispuesto a perdonarnos si lo hacemos con sinceridad y ganas de mejorar.

Tras esta charla de D. Antonio surgieron diferentes ideas y testimonios entre los miembros del grupo. Se contaron experiencias muy cercanas, de mucha esperanza, como la muerte cercana en un ser querido que espera en la tranquilidad de que Dios va a recibirlo.
El propio grupo en sí nos sirve para apoyarnos en el contexto de una sociedad que desprecia los valores cristianos. Jesús se levantó tras cada caída, y así un grupo de Fe nos ayuda a levantarnos de las nuestras.
Tras estos momentos, como viene siendo habitual, rezamos un Ave María y un Gloria y fuimos a tomar unas tapas.
Esta semana, antes de reunirnos de nuevo en la Parroquia, nos veremos en el cumpleaños de D. Antonio, así que ¡allí estaremos para felicitarle!

Antonio López




jueves, 22 de septiembre de 2011

I Charla Parroquia de la Concepción



Miguel Ángel, Antonio, Manolo, Ángela, María, Miriam, Delia, Elena, Cayetana, Cecilia, Javier, Ana, Teresa, Javier, José Manuel, Paula y Luis. Diecisiete nombres para las diecisiete personas que, junto a D. Antonio, comenzamos los encuentros que, periódicamente, mantendremos en la parroquia de la Inmaculada Concepción en el barrio de Nervión. Quizá por el incienso y el olor a nardos que había cuando llegó a su Templo la Virgen de Consolación, alguien recordó que éramos 18, como los ciriales que acompañan a Sagrada Mortaja.

La reunión fue muy amena, en presencia de una preciosa imagen de piedra de la Inmaculada Concepción obra, ni más ni menos, que del genial granadino Alonso Cano. En una presencia tan inmejorable se desgranaron los propósitos  con que partíamos en el grupo: crecer, formarnos y vivir la alegría de la fe. Y para ello ¿qué mejor que analizar el texto del Youcat, regalo el Papa a la juventud en las pasadas JMJ de Madrid? Sin olvidar las palabras de Benedicto XVI en sus homilías, cuestiones de rabiosa actualidad, preocupaciones particulares…  Actividades que se alternarán con otras actividades tales como viajes, peregrinaciones, conferencias, escapadas al campo y… a ¡¡El Rocío!!

La reunión fue muy distendida. Nos presentamos todos y pusimos de manifiesto aquello que nos movía a estar allí, así como las impresiones recibidas en las JMJ de Madrid. También quedó de manifiesto una idea clave que vehicula esta iniciativa: no se puede vivir la fe si no es en comunidad, con los demás hermanos. Y para eso está precisamente la parroquia, lugar eminente de encuentro, donde compartir alegrías y tristezas, donde sentirnos realmente hermanos de un mismo Padre porque todos somos hermanos e Cristo.

Este grupo, nacido del espíritu de las JMJ trata que dicho espíritu no se disipe y se lo lleve el viento. Al contrario: intentamos cuajar en la realidad de nuestra vida ese soplo de aire fresco que representa el cristianismo en una Europa cansada de sí misma. Un grupo que, siguiendo el ejemplo de aquellos ciegos que fueron a las JMJ, fueron a no-ver con los ojos de la carne, sino a ver con los ojos del corazón.